Taphonomia en arte rupestre

Mario Consens consens@adinet.com.uy

Saudi Arabian petroglyphs


COMENTARIOS ACERCA DE LA UTILIZACIÓN DE TAFONOMÍA EN ARTE RUPESTRE.


Mario Consens


Comienzo señalando mi postura de que no es adecuado, ni tampoco es conveniente denominar como tafonomía a lo que la literatura arqueológica identifica plena y certeramente como procesos de alteración, de modificación o perturbación de yacimientos. Los cuales en realidad están inmersos en problemáticas de sistemas, y no en puntuales y accidentales fenómenos. La tafonomía tal como hoy conocida y utilizada en arqueología, no es la responsable de los procesos de perturbación que ocurren en arte rupestre (Consens, 1985, y Consens y Bespali, 1980).
Como tampoco es posible referenciarla a ningún proceso similar que ocurre en un sitio arqueológico (Binford y Bertram, 1977). Y ello es así por una sola, sencilla y elemental razón: la tafonomía es una disciplina que se utiliza exclusiva y fundadamente para analizar los registros fósiles orgánicos.

TAFONOMÍA EN SU CONGRUENTE APLICACIÓN

Tafonomía es un término utilizado desde la década del 40 (Efremov, 1944), manejado y desarrollado originariamente por paleontólogos, y luego específicamente por aquellos que estudian los relictos biológicos. Pero desde aquella idea genérica planteada hace más de seis décadas por Efremov, ajustada a los entornos de investigación y conocimiento de esa época, es difícil de utilizar (o al menos heurística mente no es la mas adecuada en su valoración epistémica-) para convalidar los contextos científicos de investigación con los que operamos en la actualidad.
Innúmeros textos y mayor cantidad de publicaciones especifican hoy los alcances y propósitos de la tafonomía como ciencia. Una importante cantidad de Congresos internacionales especializados en materia tafonómica, así como una mayor cantidad aún de sitios en Internet, hacen referencia y explicitan los contenidos y alcances de esta disciplina. La cita casi obligada de definición de tafonomía en todos ellos, es la que hace Lyman (indicada aquí en mi Nota 1, al pié), aunque los lectores pueden hallar otras mas actualizadas que no modifican nunca sus objetos de estudio (Gastaldo et alli, 1996, o Eldredge, 1991). Pero ninguna de estas precisas definiciones es aplicable al arte rupestre, sin forzar o distorsionar las definiciones y conceptos operativos, pero fundamentalmente el marcador que la define: su aplicación a restos biológicos.
Por lo tanto el termino tafonomía no se debe a mi juicio usar en arte rupestre, porque es sencillamente inaplicable a la explicación y comportamiento de los relictos arqueológicos no biológicos.
Reitero entonces que la arqueología tiene precisos y detallados estudios sobre las modificaciones de los fósiles no orgánicos que ocurren en los sitios: se denominan procesos de alteración, de formación de sitios, de variación entre sitio sistémico y el yacimiento arqueológico, de decaimiento, perturbación, etc., etc.
Todos estos procesos han sido y son fundamentados extensamente y son además periódicamente analizados y discutidos en conferencias especialmente convocadas con tales propósitos. Incluso hay Mesas y Seminarios sobre la temática en muy recientes reuniones arqueológicas en este mismo continente sudamericano. En esos textos y en las publicaciones de dichas conferencias, podremos encontrar todas las referencias y explicaciones sobre los procesos múltiples de alteración de los sitios arqueológicos: pero nunca hallaremos una sola mención en ellos a la tafonomía como explicación de dichas modificaciones y perturbaciones.
Es mas: me permito invitar a los lectores a que revisen mi Nota 2 al pié, a los efectos de pretender correlacionar (ni siquiera digo aplicar) los que son identificados como básicos indicadores tafonómicos por los expertos del tema, con algunos de los procesos de alteración que sí ocurren en el arte rupestre.

¿POR QUÉ?

¿Por qué estos este comentario insiste en rechazar el uso genérico de determinados y específicos términos?
Porque la premisa primera, es que la investigación científica tiene como propósito obtener conocimiento (nunca la verdad, utópico objetivo que algunos usan como referente). Y para lograr ese conocimiento, el protocolo científico (y mi segunda premisa) exige no solo la adopción, sino la plena y absoluta práctica de específicos procedimientos: uno de ellos es el de comunicarse.
Ello a su vez impone (mi tercera premisa) el uso estricto de otras normas plenamente pautadas, consensuadas y de corriente uso en lo académico.
Porque si el objetivo de comunicarse no se logra, o se oscurece, o se evade, sencillamente no hay adecuado intercambio y transferencia. Y si no hay comunicación dentro de los procedimientos científicos, no hay ciencia. Por más ampulosos, pretenciosos o extensos que sean los textos que al evadir estas premisas, así dicen sostenerlo (explicaciones mas amplias en Consens y Seda, 1990).
Recordemos que el conocimiento científico transita a través de conjuntos de signos artificiales arbitrados para transportar ideas mas que sentimientos (Bunge, 1972:65). Conjuntos artificiales establecidas y consensuados por los investigadores.
Ello no implica, ni acepta, ni admite, que la artificialidad de las definiciones pueda confundirse con la irrealidad de los datos y las propuestas que sirven de base a la investigación. Las definiciones son las que se conocen como conceptos de clases. Estos conceptos se aplican tanto a conjuntos de individuos, como a conjuntos de conjuntos. Y entre ambos conceptos de clases no debe haber transmutación por parte de los investigadores, como tampoco hay entre ellos equivalencia.
La arbitrariedad de dichas reglas, ha sido señalada tanto por Sorensen (todo es correcto si se observan las reglas convenidas), como por Eco cuando afirma que ellas: no han de tener necesariamente relaciones con los objetos del mundo real (1983:461). Pero Bunge no sólo es mas explicito, sino certero: el lenguaje científico comunica información a quienquiera haya sido adiestrado para entenderlo (1976:23).
Estamos entonces enfatizando que si no hay información compartida, si esta no es consensuada, no hay comunicación. Hay apenas alguno de los clásicos monólogos que hemos tenido que sufrir en reuniones, que decían ser científicos.
La comunicación debe poseer además una estructura lógica de operación que esta determinada epistemológicamente. Claro que estas imposiciones (definiciones, estructura, epistemología, consenso, etc.) parecen ajenas y opuestas a las visiones posmodernistas que algunos seudo investigadores utilizan, porque son incompatibles con el uso que ellos hacen basándose apenas en sus criterios personalistas y personalizados. No debe haber duda al respecto: los métodos científicos buscan deliberada y sistemáticamente aniquilar el punto de vista del científico individual(Wallace ,1980:18).

Enfatizamos entonces que esas reglas, esas normas de comunicación, están establecidas con parámetros tales que permiten su análisis por otros investigadores. Esto es lo que le da el carácter de convención: de información compartida y transmisible.
En todo esto recordemos que los conceptos necesarios de determinar en las definiciones, no se precisan para disminuir las discrepancias... sino, para aumentar la fecundidad de la investigación y de la discusión (Bunge, 1984:135).
Por lo tanto el uso de términos en distintos contextos y con inadecuadas, parciales o distintas acepciones a aquellas consensuadas entre los investigadores, agrede, viola e imposibilita la investigación científica. Tafonomía es en la actual presentación uno de esos términos. No hay ninguna necesidad epistémica; no hay ninguna ventaja heurística; no brinda ningún provecho metodológico y si extrema confusión, su uso fuera de las convenciones acordadas.
Esta resemantización del término sin consenso de la comunidad científica, no solamente no beneficia la comunicación, sino que por el contrario, la desvirtúa y la entorpece. Tal como ocurre cuando en aisladísimas oportunidades se ha pretendido renominar como arte mobiliar con tradición rupestre aquello que ya esta previamente definido y acordado en la literatura arqueológica, utilizado y aplicado para contextos materiales y geográficos muy distintos a los americanos, y a través de términos que son (por su precisa y expresa definición) antitéticos.

Hemos en mas de una oportunidad señalado que es necesario analizar la nueva terminología que se incorpora a la investigación, para separar en ella la inadecuada aplicación (como entendemos es el uso que de tafonomía hace Bednarik desde 1994), de la usurpación de neologismos como meros instrumento de poder. Estos además de hacer confusa e ininteligible lo propuesto, desnudan en ocasiones las carencias e inadecuaciones metodológicas y teóricas, terminando por crear egofactos(Consens 2003a y b).

REFERENCIAS CITADAS


BEDNARIK, ROBERT G.
1994 A taphonomy of palaeoart. Antiquity, Volume 68, pp. 6874.

BINFORD, L.R. y BERTRAM, J.B.
1977 Bone frequencies and attritional processes. En For Theory Building in Archaeology, editado por by L.R. Binford. pp. 77-153. Academic Press, Nueva York.

BUNGE, M.
1972 La investigación. Su estrategia y filosofia. Ediciones Ariel, Colección Convivium. Barcelona.
1976 La ciencia: su método y filosofía. El Siglo Veinte. Buenos Aires.
1984 Epistemologia. Ediciones Ariel. Barcelona.

CONSENS, M.
1985 La arqueología como fundamento de la utilización de técnicas y métodos en los procesos de investigación del arte rupestre. Revista do CEPA, Vol. 12. No. 14, págs. 13-47. Santa Cruz do Sul.-
2003a Between Artefacts And Egofacts: The Power Of Assigning Names. En Rock Art and Epistemology: Courting Sophistication. IFRAO 3. Breepols. Turnhout. Bélgica.
2003b Hermeneutica Trasformativa da Graviade Quantica. Comentarios e reflexoes sobre a Construçao do Conhecimento na Pesquisa Arqueológica. Simposio Internacional Arqueologia, Patrimonio e Atualidade. Museo Antropológico do Rio Grande do Sul. Porto Alegre.

CONSENS, M. e Y. BESPALI.-
1980 Algunos conceptos para la aplicación de técnicas documentales en investigación del arte rupestre. Actas de las Primeras Jornadas de Arte Rupestre de la Provincia de San Luis. Dirección Provincial de Cultura, págs. 101-119. San Luis. Rca. Argentina.

CONSENS, M. y P. R. SEDA.-
1990 Fases. estilos e tradições na arte rupestre do Brasil: a incomunicabilidade cientifica. Anais da V Reuniao Científica da Sociedade de Arqueologia Brasileira. Revista do CEPA Vol. 17, No.20 págs. 33-58. Santa Cruz do Sul. Brasil.

ECO, U.
1983 La estructura ausente. Editorial Lumen. México.

EFREMOV, N.
1944 O chemickej konstitucii niektorých hydrosilikatov. Die chemische Konstitution einiger Hydrosilikate. Bratislava, 1944.

ELDREDGE, N.
1991 Fossils : the evolution and extinction of species. Aurum. Londres.

GASTALDO, SAVRDA, & LEWIS.
1996 A Brief Introduction to Taphonomy. En: Deciphering Earth History: A Laboratory Manual with Internet Exercises. Contemporary Publishing Company of Raleigh. Raleigh.

LYMAN, R. L.
1994 Quantitative units and terminology in Zooarchaeology. American Antiquity 59(1):36-71.

WALLACE, W. L.
1980 La lógica de la ciencia en la sociología. Alianza Universidad. Madrid.


NOTAS

Nota 1. Tafonomía es, en términos generales, el estudio de las historias post-mortem, pre-enterramiento y post-enterramiento de los restos faunísticos (Lyman 1994). Por lo tanto, los análisis tafonómicos procuran reconstruir la cronología de la variación en los procesos post mortemque engendraron un conjunto fáustico, o un sub grupo del conjunto. Muchos de esos procesos dejan señales en la superficie de los huesos los que, cuando son identificados apropiadamente, son un método poderoso de discriminar entre los procesos de formación naturales de aquellos otros culturales.

Nota 2. Indicadores específicos utilizados en los estudios tafonómicos:

- Padrones de fractura.
- Etapas de meteorización.
- Abrasión.
- Color y grados de quema.
- Incisiones.
- Marcas de dientes y de roer.
- Marcas de enterramiento.
- Marcas de desmembramiento.
- Desgaste por uso.




Bednarik 1994

A taphonomy of palaeoart, by R. G. Bednarik, in Antiquity 1994

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